Leyendas del Picaflor
Era impresionante la caída de las aguas del río Ymorotí, su nombre se debía a la blancura que mostraba al caer entre las piedras y así formar un paisaje maravilloso.
Este lugar era el encuentro de niños y mujeres de la tribu “Guaraní Mbarete” en esas tardes calurosas de verano.
El espacio era un mundo de colores, las floras silvestre cubría el extenso campo que rodeaba al río. Un día la madre de una de las niñas más hermosas ordena a una de sus hijas cuyo nombre era “Yvoty Juru” a tomar una vasija y traer agua del río “Ymoroti”, pero la niña ordenó a unas de las criadas que realice el mandado. Al llegar cerca del aguay, la niña vio el reflejo de una avecilla de colores que jamás había visto, ¡quedó fuera de sí!. Olvidando todo lo que tenía que hacer y no paraba de mirar a tan singular ave.
Al tardar tanto, es enviada otra criada, al llegar junto a su compañera con esta ocurre la misma situación, al ver al ave, queda embelesada.
Entonces “Yvoty Juru”, corriendo se dirigió al río, viendo que las dos niñas, viendo en la dos niñas miraban fijamente entre unas flores donde el ave hechizaba movía con una rapidez impresionante sus pequeñas a las “Yvoty Juru” quedó cautivada y quedó mirando fijamente, el ave emprendió vuelo y se acercó a ella, era tan hermoso los labios y la mejilla de la niña, que el ave le confundió con una flor, tiempo con su agudo pico entre los labios de la doncella con el deseo de sorber un néctar delicioso, al instante se estremeció la joven, quien aquí todos los brazos como si fueran alas, comenzaron a tomar un color maravilloso, “Yvoty Juru” era ahora “Mainymby” de esa avecilla que al sorber el alma de las flores nos muestra toda su gracia y dulzura.
Fuente: Libro mitos y leyendas. Cultura del Paraguay.
Autor: Profeso Oscar Cabrera.
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